El taller de Tito
El taller de Tito estaba ubicado en la esquina de la calle Salas y el Pasaje Caricancha, en el barrio de Pque Chacabuco. Era un típico local de ochaba con una puerta central y dos vidrieras a cada costado, cuyos vidrios estaban pintados de verde hasta más allá de la mitad.
Lo mágico del taller, era que podia ser
percibido desde lejos.Por ejemplo, si uno venia caminando por José María Moreno, al doblar por Salas escuchaba unos golpes acompasados provenientes de las máquinas, que eran como latidos de un gran corazón.
Al llegar, te encontrabas primero con una casa, en donde Tito vivió con sus viejos, y en donde falleció Don Manuel su padre y que luego, y durante muchos años tomaron por asalto unos "okupas" , que como sanguijuelas le fueron chupando la sangre y las esperanzas. Y el pobre Tito terminó acorralado en su taller y en un pequeño escritorio que daba al patio de la casa. El no se quejaba, del mal trato y del abuso, laburaba y laburaba, y se bancaba que los "okupas", que llevaban su mismo apellido, lo despreciaran y vivieran a expensas de su modesto taller
Entrar al Taller de Tito era toda una aventura, por las formas artísticas de sus máquinas, por los olores indefinidos a hidrocarburos, goma, corcho, que había en el ambiente.
A la derecha estaba el torno de banco, con el que Tito hacía milagros, desde complejas piezas de matrices hasta cañones de bronce en miniatura, mientras se acumulaban montañas de rebarbas de metal.
En una esquina, la sierra de calar, extraña, escapada de un proyecto de Leonardo Da Vinci, donde Tito modelaba desde los "sacabocados" , hasta ruedas para una carretilla de juguete o un bastón para Nélida, su amada, a la que él llamaba en raptos de amor francés y apasionado: "Marión".
A la izquierda su mesa de trabajo, abarrotada de herramientas y elementos varios, como un carburador de avión, hasta un cuaderno mugriento y con manchas de mate y grafito, donde anotaba quien sabe que.Nunca encontraba nada, hasta que en un ataqué de locura se ponía a ordenar todo y la mesa quedaba milagrosamente limpia por media hora.Esa mesa era como un mostrador de novedades, por que todo lo nuevo o extraño que entraba en el taller iba a parar allí, así que cuando uno quería saber que había de nuevo, recurría a ese exhibidor y se ponía al día.
seguidamente, las maquinas de cortar, grandes monstruos ruidosos y golpeadores, dos mellizas y una nueva (lo unico nuevo, que había en ese taller)
Si uno dirigía la mirada al techo o al piso, el panorama era más o menos el mismo. El cielorrazo, descascarado y con los ladrillos a la vista y el piso alfombrado por los retazos de los distintos materiales que se usaban para cortar, lo que hacía que el suelo fuera mullido, pero peligroso
Sobre la pared y en una pequeña repisa estaba la "radio capilla", donde se escuchaba unicamente, lo que el socio de Tito le gustaba;" La gallina verde", "El Show del minuto", "Soldán esquina tango". Por que Tito tenía un socio, el jefe de los "okupas" es decir una especie de hongo parásito que vivió toda su vida a su sombra, un chaleco de plomo, un inútil arrogante y desagradecido, que nunca estuvo ni a la altura de sus medias suelas.
Un tipo al que Tito hizo socio sin ningún tipo de aporte de capital, ni de talento y que se convirtió rapidamente en un par exigente y déspota, en una máquina de impedir cobarde y pusilánime, que se dedicó a morder la mano que le dió de comer.
En el taller de Tito había un calentador "Primus" de bronce y sobre él una pava ennegrecida por el ollín, donde se calentaba el agua para el mate que Tito tomaba durante todo el día a veces caliente y otras, la mayoria frappe.
Lo interesante del taller, era la fauna que la habitaba y que venian a ganarse unos mangos, para arrimar a la jubilación como Reynaldo y Ovidio, un duo de jovatos escapados del Show de los Muppets, o "Fratelli" un taxista y empleado de Aerolineas Argentinas que vivía mangándole todo tipo de herramientas, para arreglar su Siam Di Tella, o el padre de Nicola que le pedía siempre la "pinza pico de papagallo", Izaguirre, un viejo vasco amargado que decía que cuando acompañaba a su esposa al cementerio, descuidadamente le pisaba la tumba a la suegra mientras decía: Ya no me jodés más!!!!., Baccaro un químico borrachín que fabricaba coñac y fernet y que siempre le traía uno nuevo para cotejar.
Tito, dejaba de trabajar, para ocuparse de arreglar las cosas que traían los vecinos o para convertirse en enfermero, aplicándole la dósis de insulina a una viejita que lo conocía de muchacho. Si los chicos del barrio corrian carreras con sus carritos, Tito les daba aceite para los rulemanes.Siempre había tiempo para el amigo y la familia, para conversar y para el mate.
En su taller, aprendimos a ser hombres mi hermano y yo, como obreros, compartiendo con él ese mundo de trabajo de alegrias y de frustraciones, aprendimos la solidaridad y la amistad, como también el abuso y la injusticia de la propia sangre.
Cuando Tito se fue, funcionó brevemente en su taller un Jardín de infantes; que otra cosa más bella hubiera podido ocupar ese lugar, luego fue derrumbado.....Solo queda del taller el recuerdo, de aquellos que lo conocieron, y de él con su eterno guardapolvo gris o azul y sus anteojos en la punta de la nariz y su sonrisa y ese corazón que se escuchaba a una cuadra de distancia.
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